jueves, 22 de diciembre de 2016

CORTESÍA ANTE LOS BUENOS DESEOS





CORTESÍA ANTE LOS BUENOS DESEOS





¿Se han parado a pensar a cuántas personas les envía sus  mejores deseos a través de las entrañables y aparcadas postales navideñas, Whatsapp, mail, sms, Facebook, Twitter, Linkedin, Instagram, Intranet, …, y han respondido haciendo uso de la siempre recomendable cortesía?

El acto de remitir una felicitación, ya sea, con motivo de un aniversario, de una onomástica, de una graduación, por ser época navideña o de cualquier otro tipo de acontecimiento que bien merezca una atención,  es una práctica voluntaria en ocasiones con fines comerciales y, en otras, como deferencia hacia las personas a las que se les tiene cariño, consideración o aprecio por determinadas circunstancias personales.

Sea en el contexto que sea, todo cumplido debe ser atendido siempre pronunciándose.  En la gran mayoría de los casos se opta por el silencio, es decir, hacer caso omiso al gesto de gentileza que nos han manifestado. No solo hay que pronunciarse, es más, hay que hacerlo  con cortesía y buenos modales.

Numerosas son las fórmulas de urbanidad que se pueden utilizar sin necesidad de entablar una dilatada conversación o de redactar un memorándum. Palabras tan sencillas como: “Gracias”; “Igualmente”, “Bendiciones”, “Muy amable”; “Agradecido/a”; etc. si optamos por una respuesta verbal, o dando a un me gusta o recomendación en el caso de redes sociales.

La gratitud tiene siempre efectos positivos en la familia, entre amigos, en el trabajo, en el comercio, en el colegio, en cualquier lugar donde se dispensen servicios, en la empresa, en la calle, etc. dotando a quien lo practica de poderes sobre el autoconocimiento interno y la conquista del entorno.

El agradecimiento es extender la mano hacia los demás haciéndote grande; te permite cambiar la perspectiva de ver el mundo y de cómo el mundo te ve a ti; te ofrece ocasiones para  captar nuevas oportunidades, así como, encontrar soluciones a tus problemas.

Me despido de ustedes con un pensamiento de Séneca el cual comparto íntegramente.

"Es tan grande el placer que se experimenta al encontrar un hombre agradecido que vale la pena arriesgarse a no ser un ingrato"

 

Gracias por su tiempo.

                                                                          Margarita Martínez Mechó




domingo, 11 de diciembre de 2016

EFECTO SORPRESA





EFECTO SORPRESA




Todos en algún momento de nuestra vida hemos experimentado lo que se siente ante el efecto que provoca una sorpresa; quedamos paralizados ante una situación que creíamos tener bajo control, y vemos como se escapa de nuestras manos mientras se dilatan nuestras pupilas, disminuye nuestra frecuencia cardiaca y aumenta nuestra respiración.

La sorpresa es como una estrella fugaz: es un hecho novedoso;  aparece de manera súbita e inesperadamente; despierta curiosidad e inquietud;  activa nuestro estado de alerta y atención, y todo ello, en un espacio muy breve de tiempo.

En ocasiones las sorpresas pueden brillar tanto que pueden provocar importantes impactos positivos o negativos en nuestra vida, pero si me lo permiten y haciendo gala de mi carácter entusiasta y optimista, en este artículo me centraré, sobre todo, en los impactos positivos.

Hay algo que me produce un placer confesable y es el ser artífice o cómplice en el proceso de producción de este tipo de emociones, que aún siendo efímeras, no dejan de ser intensas y profundas. Sorpresas que despiertan emociones placenteras, ilusionantes, misteriosas y mágicas y,  que de inmediato, te hacen abrir los ojos y la boca hasta no más poder, subir y arquear las cejas y llevar las manos a la cara y al corazón para, posteriormente, sentir como la felicidad se amplifica de manera sorprendente invitándote a exclamar ¡Oh!; ¡Dios mío!; ¡Estoy sin palabras!; ¡Es maravilloso!;  ¡Qué feliz me has hecho!; ¡No lo esperaba!; ¡Gracias!.

Alguno de ustedes se preguntará ¿Sorpresas, para qué? Pues muy sencillo. Para el recuerdo, para enamorar, para reír, para disfrutar, para compartir, para conquistar, para ilusionar, para emocionar, para conmemorar, para alimentar el amor, para consolidar, para reconquistar, para agradecer,…, en definitiva, para hacer feliz a los demás y, lo más importante, para experimentar la explosión de sensaciones que provoca sentir la felicidad en tu propia piel.

Si queremos sorprender es bien fácil, solo necesitamos imaginación, dedicación y buena voluntad. No todo consiste en gastar grandes cantidades de dinero, que de vez en cuando también está muy bien, todo sea dicho, pero quizá tengamos muchísimas más oportunidades de sorprender con actuaciones simples, espontáneas y económicas que llega al corazón y, que les aseguro, que pueden llegar a resultar muy gratificantes.

Pongamos algunos ejemplos: Colocar en un lugar estratégico e inesperado una humilde nota con delicadas palabras donde afloren nuestros sentimientos; recurrir a las tradicionales y olvidadas felicitaciones navideñas escritas de nuestro puño y letra; propiciar encuentros sorpresa con familiares que no se ven habitualmente; escribir en un espejo un ¡te quiero!; regalar pensando en los gustos de la persona a la que va dirigido el obsequio; con un desayuno imprevisto; con una excursión a ciegas;  preparar un almuerzo o una cena especial; un ¡cariño, sabía que te hacía ilusión!; proponer ir al cine a ver una película que sabes que es de su agrado; con una sencilla flor o un libro sin tener que ser un día señalado en el calendario,…. Como ven, tan solo consiste en querer maravillar.

Siempre es tiempo y se está a tiempo de iniciarnos en este tipo de aventuras emocionales.

Si has resultado afortunado con una sorpresa nunca dejes de mostrar tu gratitud, te ayudará a ser más feliz y  motivará al otro para que siga intentando cosechar grandes triunfos emocionales.


¡Experiméntalo y no podrás prescindir de sus beneficios!



                       Margarita Martínez Mechó

miércoles, 30 de noviembre de 2016

EDUCACIÓN AFECTIVA: Construcción o Derribo


EDUCACIÓN AFECTIVA: Construcción o Derribo



El afecto es una de las necesidades primarias del ser humano que se inicia en la edad temprana (lactancia), e inclusive antes, y perdura hasta el último día de nuestras vidas.

Un ambiente  entrañable del núcleo familiar contribuye: al desarrollo y evolución del sistema nervioso, al impulso de sus capacidades racionales y emocionales y a un reforzamiento sustancial del intelecto, la salud y la felicidad.

No prives a tus hijos de estimulaciones afectivas y de una saludable educación  en valores. La edad temprana resulta muy significativa para generar actitudes óptimas psíquicas que favorezcan la madurez cognitiva y afectiva de fases posteriores como: la etapa juvenil y la etapa adulta. 

Las necesidades afectivas, emocionales o psicológicas insatisfechas a edades donde la inmadurez cognitiva es patente, puede llegar a desangrar la vida de nuestros hijos como consecuencia de una necesidad imperiosa de amor, respeto y auxilio. Mantengamos los ojos y el corazón bien abiertos ante las necesidades que reclaman, y ante todo lo que acontece a su alrededor con la finalidad de evitar que se generen sentimientos como el de no sentirse queridos, fragilidad o desprotección. Este tipo de carencias puede llegar a manifestarse en modo de  irritación, resentimiento, falta de confianza en sí mismo, depresión, ansiedad, tristeza, aislamiento, rabia, miedos y bloqueo llegando a presentar severos episodios de agresividad y/o afecciones psicosomáticas entre otros.

Los niños como seres vulnerables que son corren el grave peligro de tornar su vida en más  sombras que luces a edades en las que, los pequeños, deben brillar con luz propia. Seamos conscientes que la educación es unipersonal y que de nosotros depende generar esa energía renovable y sostenible. No existen patrones preestablecidos; cada persona es un mundo y cada mundo demanda  unas exigencias, exigencias que en primera instancia corresponde a los padres gestionarlas.

Una vez alcanzada la edad adulta, el sujeto tiende a reproducir las situaciones y vivencias acaecidas en su infancia, en el hogar familiar, sin apenas darse cuenta del influjo positivo o negativo que pudo suponer en la construcción de su vida y de su personalidad. Estas personas que tan necesitadas de afecto se encuentran, desconocen el modo de cuidar emocionalmente de ellos mismos, por lo que resulta imposible que lo hagan de las personas que le rodean o de las que conviven.

No alecciones infundiendo odio, envidia,  resentimiento, hipocresía,  malos sentimientos, intereses, complejos, hábitos negativos y mala educación porque lejos de erigir personas felices y bien avenidas, lo único que conseguirás es forjar seres insensibles, soberbios, rebeldes, egoístas y miserables.

Un individuo con deficiencias cognitivas y emocionales significativas es un sujeto repudiado de sus semejantes en el tiempo abocado a la más triste y profunda soledad.

Educar queda muy lejos del consentimiento sistemático, del reforzamiento de actitudes como reír comportamientos negativos; que no dejan de ser, más que, una falta de respeto tanto individual como colectiva, o de conseguirle  las estrellas y la luna y ponerlas a sus pies como bien dice la letra de una canción. Conviene no olvidar que como padres somos maestros y no camaradas de aventuras.

Cultiva a tus hijos desde el cariño, la comprensión, la generosidad en las relaciones humanas para hacerlos personas ejemplares y dichosas. Un niño gozoso será, el día de mañana, un adulto capaz de ser feliz y hacer feliz a las personas con las que interactúe de una u otra manera.

Utiliza una comunicación adaptada a las necesidades que vienen determinadas en cada edad y en cada etapa. No te apresures en dar más información de la necesaria o de la que sean capaces de comprender; evitarás conflictos internos en los niños.

Contribuye a construir y fomentar comportamientos altruistas, a consolidar su identidad, a superar el egocentrismo originario en la etapa infantil, a asumir compromisos y responsabilidades, a crecer en valores, a tomar sus propias decisiones, y a creer en las personas independientemente de la profesión y el cargo que ostenten.

Como padres y madres nuestros fallos y  nuestros aciertos juegan un papel decisivo en la vida de la prole y en la de aquellos, que algún día, también formarán parte de su familia.

Un día, quizá no muy lejano, te convertirás en la sombra de tus hijos. Por tanto, dirige bien tus pasos porque tu ejemplo se grabará a fuego en sus actitudes.



                                                       Margarita Martínez Mechó




viernes, 7 de octubre de 2016

¡A TRIPA VACÍA, MANDÍBULA CON ALEGRÍA!


¡A TRIPA VACÍA, MANDÍBULA CON ALEGRÍA!



Veintitantos de septiembre, 15:30 h de una tarde de tímido sol que parece asomarse entre visillos de delicadas nubes sin saber qué hacer, y mientras tanto, yo  circulando por una de las principales avenidas de mi cuidad,  tres carriles en el sentido de mi marcha y el semáforo ¡se pone en rojo! Es tiempo de contemplar y admirar lo que acontece por mí alrededor. Algunos viandantes portan en sus manos bolsas, móviles, otros maletines y una sola persona no lleva nada de nada, pero todos ellos tienen algo en común, parecen sus pasos haber sido programados a distintas velocidades con un destino concreto. Bajo mi atenta mirada, observo el coche situado a mi vera, un vehículo de alta gama, de color negro, brillo resplandeciente, al volante su propietaria “supongo”. Es hora de comer y el hambre aprieta, para entretener y saciar el vacío zarandea su mandíbula mascando látex rosa del árbol chicozapote, comúnmente conocido como chicle de fresa, como ya hacían en la antigüedad los indígenas del Yucatán en México, y es que ¡a tripa vacía, mandíbula con alegría!

Hasta aquí todo normal, nada que objetar. Pero ustedes se preguntarán ¿cómo sabes que se trata de un chiche de fresa, strawberry, fraise, erdbeere o morango? Lógicamente, no habría resultado nada sencillo averiguarlo si no lo hubiese exhibido ante los ojos de los allí presentes, en reiteradas ocasiones.  Los semáforos siempre han sido proclives a contemplar la cultura de mascar chicle, o al menos, donde se nos brinda la oportunidad para hacerlo concienzudamente, sin prisas y sin reparo, como si las lunas del vehículo nos convirtiesen en seres invisibles ante nuestros vecinos conductores.

Quizá alguno de ustedes pensará o inclusive dirá a viva voz - ¡no, si ahora va a estar mal hasta comer chicle! -Rotundamente ¡no! en efecto, cada uno es muy libre de tomar chicle o de no hacerlo, esto es exclusivamente una decisión personal y vaya por delante que yo lo hago.

Pero realmente:
1.- ¿Por qué mascamos chicle?
2.- ¿Por qué lo hacemos con la boca abierta?
3.- ¿Se recomienda mascar chicle en cualquier lugar y situación?
4.- ¿Qué consecuencias negativas conlleva comer chicle u otros alimentos con la boca abierta?

Para dar respuesta a estas cuatro cuestiones lo haremos con un caso práctico:

En primer lugar, imagine a un personaje público o ilustre que sea un referente para usted, el cual, debe acudir a una cita en la que se decidirá su futuro profesional y,  por ende, personal. Los nervios los siente a flor de piel y sabe de buena tinta, que con un solo chicle podrá mitigar la necesidad de fumar un cigarrillo, mejorar su aliento, moderar la sed y, además, actuará como sedante para templar su nerviosismo. 

Bien, al parecer algunas de las propiedades relacionadas con el chicle son  positivas. Pero a partir de aquí, viene la parte más peliaguda del tema; lo hace con la boca abierta y emitiendo ruiditos mientras espera su ansiada intervención ¿Qué impresión le causa? ¿Sigue teniendo el mismo sexapil para usted? ¿Cuál es el antes y después de mascar un inocente y sabroso chicle? 

Efectivamente, destruir su marca personal y  profesional es cuestión de segundos.

Éste, es tan sólo uno de tantos pequeños detalles que pueden acontecer en el declive de nuestro merecido éxito.



                                                 Margarita Martínez Mechó

domingo, 25 de septiembre de 2016

LEYENDO ENTRE TENEDORES, CUCHARAS Y CUCHILLOS


LEYENDO ENTRE TENEDORES, CUCHARAS Y CUCHILLOS





Siglo XXI, las nuevas tecnologías invaden nuestros espacios terrestres y aéreos. Los niños parecen nacer programados, de tal manera, que están capacitados para manipular cualquier tipo de maquinita que caiga en sus diminutas manos. Podemos realizar visitas virtuales a tiempo real. Realizar viajes a cualquier punto del mundo prácticamente con un chasquido de dedos. Casas domotizadas que, al día de hoy, lo único que no son capaces de hacer, por sí mismas, es desplazarse de un lugar a otro sin ayuda humana. Somos capaces de buscar bichos virtuales por doquier, etc., etc., etc., y seguimos sin saber comer, sí han leído bien, “seguimos sin saber comer”. ¿Curioso verdad? No sólo resulta curioso, sino, que resulta lamentable.

Día tras día, intento encontrar una mínima explicación a un hecho que es vital para la supervivencia, y que practicamos miles y miles de veces a lo largo de nuestra vida ¿Cuánto tiempo necesitamos para aprender? ¿Será que no ponemos el interés suficiente? ¿O quizá, que no tenemos constancia de la importancia que supone hacerlo correctamente?

El comer es un acto social desde nuestra más tierna infancia. Fiestas apoteósicas de bautizos, cumpleaños, santos, comuniones, despedidas de soltero/a, bodas, despedidas de casados, empresa,…, porque es viernes, porque hemos quedado, porque es navidad, porque, porque….  Estamos adiestrados para realizar cualquier tipo de actividad en solitario, pero no sucede así lo mismo, cuando comemos acompañados por la árida soledad.

Saber comer, en ocasiones, puede determinar nuestro futuro ¡Qué fuerte! Alguno de ustedes puede pensar ¡Margarita, te has pasado! El futuro es incierto sí, pero si no dominamos el arte del buen saber en la mesa, nuestro futuro pasará a ser más predecible de lo que imaginamos.

¿Sabías que cada vez son más numerosas las organizaciones empresariales, que desde el departamento de Recursos Humanos, incluyen almuerzos o cenas de trabajo para determinar la selección del personal que formará parte de su estructura organizacional?

¿Nos hemos planteado, el porqué de algunas citas amistosas, amorosas o de conquista quedan relegadas al recuerdo? Algunas personas son rechazadas por el otro/a, simple y llanamente, por la forma de comer y/o la actitud que presentan en la mesa. Lógicamente, este factor no será determinante para la totalidad de los individuos, pero sí, para aquellos que son capaces de leer entre tenedores, cucharas y cuchillos.

No todo consiste en conocer para qué sirve cada uno de los utensilios que encontramos dispuestos sobre la mesa en un banquete o comida de negocios, o si debo tomar las gambas con cuchillo y tenedor, esto me atrevería a decir, que es casi lo de menos. Muchas son las lecturas que se pueden realizar en torno a una mesa que denotan educación, generosidad, don de gentes, cultura general, compromiso, interés, respeto,…

La mesa es una fuente inagotable de información que puede estar a nuestro favor, si la sabemos gestionar adecuadamente, o por el contrario, jugarnos una mala pasada.

Por todo esto, y por mucho más, comamos y bebamos del conocimiento y la sabiduría.

Siempre y en todo lugar, aférrate al Arte del Saber Ser, Saber Estar y Saber Hacer.



                                                                       Margarita Martínez Mechó

lunes, 19 de septiembre de 2016

CLASE: UNA HERRAMIENTA DE SEDUCCIÓN





Alguien muy especial para mí, me sugirió hacer un post dedicado a este rasgo distintivo que caracteriza a ciertas personas y, sin más, tomé bolígrafo en mano y me dispuse a dar forma a  “Clase: Una herramienta de seducción”. Espero que les sea de su agrado. Tres, dos, uno,… ¡Comenzamos!

La persona con clase seduce con su talento, sus habilidades, sus destrezas,  y por supuesto, todo esto enriquecido con un uso inteligente de sus experiencias.

La esencia de esta cualidad, es gozar de un don intangible e imperceptible, en ocasiones al ojo humano, pero que resulta tremendamente fascinante y brillante a distancias cortas.

Frecuentemente, se confunde el significado de dos vocablos que tienen importantes elementos en común pero que distan en su fundamento, les hablo de la elegancia y la clase.

Cuatro son las grandes diferencias existentes entre ser elegante y tener clase. Me centraré en la “Clase”, ya que, con anterioridad lo hice con la “Elegancia” en mi post que lleva por título “Sencillamente Elegante”.


Primera: Es innata a la persona.

Segunda: No cuenta con la opción de ser aprendida.

Tercera: Puede no ir acompañada de elegancia externa y

Cuarta: Pongamos un caso práctico.

Brandon Ford (nombre ficticio) es un afortunado o desafortunado multimillonario que decide poner en marcha una serie de actuaciones, creyendo que éstas, le proporcionarán la clase necesaria para estar a la altura de los números de su desproporcionada cuenta bancaria.

Se dispone a disfrutar de unas merecidas vacaciones, y lo hará a manos de un Lamborghini Veneno Roadster valorado en $4’500,000, uno de los 9 que fabricaron en 2014. Decide alojarse en el Hotel Burj Al Arab de Dubai, el hotel más caro del mundo ocupando, junto a su flamante esposa, una de sus minúsculas habitaciones de apenas 780 metros cuadrados, entre paredes de oro y piedras preciosas. Seguidamente, decide tomar su jet privado valorado en 500 millones de dólares muy similar al del Príncipe Alwaleed Bin Talai de Arabia Saudita, para ir a cenar al mejor restaurante del mundo, el “Celler de Can Roca” en Girona, donde hará entrega a su pareja de un broche repleto de diamantes diseñado por Laurence Graff, con un precio estimado de 100 millones de dólares. Bien, podríamos seguir engrosando la lista de servicios, lugares y objetos del más alto lujo, pero hay algo que el señor Ford nunca podrá adquirir, y me estoy refiriendo a la clase.

La clase al igual que la herencia genética, es un legado ético y moral que se transmite de padres a hijos y nada tiene que ver con ser poseedor de grandes fortunas, nunca deja al desnudo nuestras debilidades ni miserias, y nos dirige aun queriendo cambiar el rumbo de nuestras actitudes. Es como navegar a vela, te permite navegar en cualquier dirección, excepto en línea recta si lo hacemos con el viento en contra.

Tu aspecto físico hablará de ti, pero tu clase, lo hará también inevitablemente de tus orígenes, predecesores, y si llega el momento, lo hará igualmente de tus descendientes.

Tener clase no es un propósito de futuro, es un valor del pasado que resulta patente en el presente, y que goza de la capacidad suficiente para proyectarse en generaciones futuras.

 

                                                                       Margarita Martínez Mechó

CLASE: UNA HERRAMIENTA DE SEDUCCIÓN


CLASE: UNA HERRAMIENTA DE SEDUCCIÓN









Alguien muy especial para mí, me sugirió hacer un post dedicado a este rasgo distintivo que caracteriza a ciertas personas y, sin más, tomé bolígrafo en mano y me dispuse a dar forma a  “Clase: Una herramienta de seducción”. Espero que les sea de su agrado. Tres, dos, uno,… ¡Comenzamos!

La persona con clase seduce con su talento, sus habilidades, sus destrezas,  y por supuesto, todo esto enriquecido con un uso inteligente de sus experiencias.

La esencia de esta cualidad, es gozar de un don intangible e imperceptible, en ocasiones al ojo humano, pero que resulta tremendamente fascinante y brillante a distancias cortas.

Frecuentemente, se confunde el significado de dos vocablos que tienen importantes elementos en común pero que distan en su fundamento, les hablo de la elegancia y la clase.

Cuatro son las grandes diferencias existentes entre ser elegante y tener clase. Me centraré en la “Clase”, ya que, con anterioridad lo hice con la “Elegancia” en mi post que lleva por título “Sencillamente Elegante”.


Primera: Es innata a la persona.

Segunda: No cuenta con la opción de ser aprendida.

Tercera: Puede no ir acompañada de elegancia externa y

Cuarta: Pongamos un caso práctico.

Brandon Ford (nombre ficticio) es un afortunado o desafortunado multimillonario que decide poner en marcha una serie de actuaciones, creyendo que éstas, le proporcionarán la clase necesaria para estar a la altura de los números de su desproporcionada cuenta bancaria.

Se dispone a disfrutar de unas merecidas vacaciones, y lo hará a manos de un Lamborghini Veneno Roadster valorado en $4’500,000, uno de los 9 que fabricaron en 2014. Decide alojarse en el Hotel Burj Al Arab de Dubai, el hotel más caro del mundo ocupando, junto a su flamante esposa, una de sus minúsculas habitaciones de apenas 780 metros cuadrados, entre paredes de oro y piedras preciosas. Seguidamente, decide tomar su jet privado valorado en 500 millones de dólares muy similar al del Príncipe Alwaleed Bin Talai de Arabia Saudita, para ir a cenar al mejor restaurante del mundo, el “Celler de Can Roca” en Girona, donde hará entrega a su pareja de un broche repleto de diamantes diseñado por Laurence Graff, con un precio estimado de 100 millones de dólares. Bien, podríamos seguir engrosando la lista de servicios, lugares y objetos del más alto lujo, pero hay algo que el señor Ford nunca podrá adquirir, y me estoy refiriendo a la clase.

La clase al igual que la herencia genética, es un legado ético y moral que se transmite de padres a hijos y nada tiene que ver con ser poseedor de grandes fortunas, nunca deja al desnudo nuestras debilidades ni miserias, y nos dirige aun queriendo cambiar el rumbo de nuestras actitudes. Es como navegar a vela, te permite navegar en cualquier dirección, excepto en línea recta si lo hacemos con el viento en contra.

Tu aspecto físico hablará de ti, pero tu clase, lo hará también inevitablemente de tus orígenes, predecesores, y si llega el momento, lo hará igualmente de tus descendientes.

Tener clase no es un propósito de futuro, es un valor del pasado que resulta patente en el presente, y que goza de la capacidad suficiente para proyectarse en generaciones futuras.

 

                                                                       Margarita Martínez Mechó

domingo, 24 de julio de 2016

"La Mirada: Estrategia Negociadora"

Como si de un regalo se tratara, el diario La Opinión de Murcia publicó el día 22 de julio, mi artículo que lleva por título "LA MIRADA: ESTRATEGIA NEGOCIADORA".




LA MIRADA: ESTRATEGIA NEGOCIADORA

          Durante el proceso de negociación, la mirada puede llegar a regular el proceso estratega de la comunicación. La mirada, por sí misma, puede tornarse propiamente en el mensaje incidiendo en la calidad de la información transmitida.

        La mirada delata pensamientos, sensaciones y emociones como: admiración, complicidad, interrogantes, intimidación, burla, desconfianza, ternura, seducción, pasividad, entusiasmo, interés, evasión, miedo, tristeza, alegría, incredulidad, desagrado, vergüenza, picardía, compromiso, deseo,…

          En la negociación, resulta interesante establecer el contacto visual con nuestro interlocutor manteniendo la mirada de negocios; aquella centrada en el triángulo formado entre nuestros ojos y la frente. Resulta cordial, cercana, hace sentir cómodo a nuestro conversador y transmite interés por lo que allí acontece.

          Se desaconseja el uso de la mirada íntima; caracterizada por recorrer el cuerpo en sentido descendente y luego ascendente,  capaz de chequear con una precisión absoluta y milimétricamente, cada una de las partes de la morfología humana. Provoca situaciones ofensivas, de rechazo e incomodidad pudiendo generar conflictos innegociables.

          Las pupilas también tienen mucho que decir en nuestra conversación. Reaccionan de manera involuntaria dilatándose o contrayéndose, atendiendo a los estímulos internos o externos a los que se les expone, como sucede con la intensidad de la luz. Se dilatan ante situaciones positivas y agradables pero, así mismo, lo hacen ante la sensación de dolor, en la resolución de situaciones complejas y ¡cuidado! cuando mentimos. Por el contrario, tienden a contraerse ante situaciones negativas como mal humor, temor o en situaciones de sobresaturación tanto de trabajo como de información. Nuestra pupila es capaz de reaccionar de manera intuitiva en un sentido o en otro, inclusive, aunque no tengamos el objeto o la persona frente a nosotros, o estemos expuestos a ese estímulo que nos genera determinadas emociones.

          Para finalizar este apartado dedicado a las pupilas, permítame dos apuntes un tanto curiosos. Ya en la antigüedad en China, Egipto e Italia,  algunas mujeres que se dedicaban al oficio más antiguo del mundo, utilizaban el jugo de  la baya de belladona que significa “bella dama”,  para  agrandar sus pupilas y así resultar más llamativas, sensuales y deseables para los hombres. En China, los comerciantes de piedras preciosas, eran capaces de evaluar el proceso de la negociación y de poner precio a sus productos, en función de la lectura  que hacían de las pupilas de sus clientes.

          Perciba, evalúe y gestione toda la información que emana de la mirada de su interlocutor, manteniendo la mirada serena y respetuosa aún en situaciones en las que escuche algo que no sea de su agrado o interés. Una mirada distraída puede denotar falta de interés y de educación, mientras que un parpadeo excesivo evidenciará su nerviosismo.

          Podremos ejercer el control sobre nuestras palabras, pero difícilmente, sobre nuestra mirada.

La mirada: una arriesgada herramienta de comunicación no verbal potente e influyente en la estrategia negociadora.



                                                  Margarita Martínez Mechó

viernes, 18 de marzo de 2016

LA MIRADA: ESTRATEGIA NEGOCIADORA

LA MIRADA: ESTRATEGIA NEGOCIADORA







Durante el proceso de negociación, la mirada puede llegar a regular el proceso estratega de la comunicación. La mirada, por sí misma, puede convertirse propiamente en el mensaje, tanto el que transmitimos como el que percibimos, participando de manera directa en la retroalimentación o feedback, y por ende, en la calidad de la información compartida.

En la comunicación presencial o por video-conferencia, la escucha activa siempre comienza con el contacto visual, no sucede así con la comunicación telefónica, mensajes electrónicos o redes sociales, en los que se carece de ese cruce de miradas, pero no de comunicación no verbal.

Inclusive cuando la comunicación es telefónica, nuestra mirada, a pesar de que no sea visualizada por nuestro interlocutor, no queda inactiva, acompaña a nuestro lenguaje verbal y a nuestra paralingüística. En el proceso telefónico, la mirada suele centrarse en un punto fijo, ya sea, en el papel, cualquier objeto de nuestro escritorio, o en un punto perdido elegido al azar donde centrar la atención que mostramos al interlocutor.

La mirada delata pensamientos, sensaciones y emociones como: admiración, complicidad, interrogantes, intimidación, burla, desconfianza, ternura, seducción, pasividad, entusiasmo, interés, evasión, miedo, tristeza, alegría, incredulidad, desagrado, vergüenza, picardía, compromiso, deseo,…

En la negociación, resulta interesante establecer el contacto visual con nuestro interlocutor manteniendo la mirada de negocios. La mirada de negocios es aquella centrada en el triángulo formado entre nuestros ojos y la frente. Este tipo de mirada es cordial, cercana, hace sentir cómodo a nuestro conversador y transmite interés por lo que allí acontece.

Se desaconseja el uso de la mirada íntima ¿En qué consiste este tipo de mirada? Muy sencillo, es esa mirada que recorre tu cuerpo en sentido descendente y luego ascendente,  capaz de chequear con una precisión absoluta y milimétricamente, cada una de las partes de tu cuerpo. Esta mirada provoca situaciones ofensivas, de rechazo e incomodidad, hasta el punto, de poder llegar a  generar conflictos innegociables.

Si la negociación se lleva a cabo con personas con las que no nos une una relación íntima o personal, se recomienda mantener el grado de proximidad aconsejado para la zona social que es la comprendida entre 1m y 2m.

Las pupilas también tienen mucho que decir en nuestra conversación. Las pupilas reaccionan de manera involuntaria, dilatándose o contrayéndose, atendiendo a los estímulos internos o externos a los que se les expone. La intensidad de la luz es solo uno de los factores causantes de la dilatación o contracción de las pupilas, pero existen otros muchos que relaciono a continuación.

Las pupilas se dilatan ante situaciones positivas y agradables, pero también lo hacen ante la sensación de dolor, en la resolución de situaciones complejas y ¡cuidado! cuando mentimos. Por el contrario, tienden a contraerse ante situaciones negativas como mal humor, temor o en situaciones de sobresaturación tanto de trabajo como de información. Pero lo más sorprendente de todo, es comprobar cómo inclusive aunque no tengamos el objeto o la persona frente a nosotros, o estemos expuestos a ese estímulo que nos genera determinadas emociones, nuestra pupila es capaz de reaccionar de manera intuitiva en un sentido o en otro. Esto nos hace llegar a la siguiente conclusión: “podremos ejercer el control sobre nuestras palabras, pero difícilmente, sobre nuestras pupilas”.

Para finalizar este punto dedicado a las pupilas, permítame dos apuntes un tanto curiosos respecto a su tamaño. Ya en la antigüedad y en lugares como China, Egipto e Italia, algunas mujeres que se dedicaban al oficio más antiguo del mundo, utilizaban el jugo de  la baya de belladona que significa “bella dama”,  para  agrandar sus pupilas y así resultar más llamativas, sensuales y deseables para los hombres. Así mismo, y aproximadamente por la misma época, los chinos que se dedicaban al comercio de piedras preciosas, eran capaces de evaluar el proceso de la negociación y de poner precio a sus productos, en función de la lectura  que hacían de las pupilas de sus clientes. 

Otro dato a tener en cuenta durante el desarrollo de la negociación, es observar y ser conscientes del movimiento y orientación (arriba “derecha/izquierda” abajo “derecha/izquierda) de nuestros ojos en función de cómo nuestro cerebro ve, reconoce e interpreta la información que recibe a través de nuestros sentidos.

Durante la negociación, centre la atención en su interlocutor manteniendo la mirada serena y respetuosa, aún en situaciones en las que escuche algo que no sea de su agrado o interés. Una mirada distraída y dirigida hacia otro punto ajeno a la reunión o conversación, puede denotar falta de interés y de educación. Se aconseja no parpadear en exceso, será un claro indicador de su estado nervioso.

En la negociación, perciba, evalúe y gestione toda la información que emana de la mirada de su interlocutor.

La mirada: una arriesgada herramienta de comunicación no verbal, potente e influyente en la estrategia negociadora.




                                         Margarita Martínez Mechó

jueves, 10 de marzo de 2016

jueves, 11 de febrero de 2016

SENCILLAMENTE ELEGANTE


“SENCILLAMENTE ELEGANTE”

Si saliésemos a la calle con micrófono en mano, o realizáramos una encuesta en la que se recogiera la opinión de los ciudadanos acerca de qué es para ellos la elegancia, en la gran mayoría de los casos, en primer lugar, nos encontraríamos con caras que nos revelarían un “no sé cómo explicarlo”. En segundo lugar, visionarían mentalmente a alguno/s de sus personajes predilectos del mundo del cine, de la televisión, del teatro, de la literatura, la música,… Y a continuación, harían mención a aquellas características que presenta su aspecto físico con alto grado de fotogenia, y pleno dominio del manejo del lenguaje de la moda. Probablemente usted haya pensado en Grace Kelly, Audrey Hepburm, Nati Abascal, Cary Grant, George Clooney, David Beckham, Xabi Alonso, Daniel Craig…. Estos, entre otros muchos más, son personajes que han logrado convertirse en referentes de masas, distinguiéndose del resto, conectando con los diferentes públicos y, cómo no, creando tendencias.

Pero realmente, la elegancia es mucho más ¿Cuál es la pureza elemental de la elegancia? ¿Qué define a un individuo considerado deliciosamente elegante?

La pureza elemental de la elegancia radica en aquellas características que definen al sujeto potencialmente elegante. El sujeto deliciosamente elegante exhibe, cautiva y coquetea, con sus cualidades físicas e intelectuales con prestancia, donaire, gallardía, distinción, sencillez, señorío, naturalidad, buen gusto, discreción, arte y excelencia tanto en sus formas, como en sus movimientos, conversaciones,  pensamientos, actitudes y hasta en sus silencios.

Hay personas que nacen con esta cualidad innata, por lo que se puede afirmar que han sido agraciados con el don de la elegancia. Este tipo de personas, poseen ese, no sé qué,  qué sé yo, que te cautiva y hace crecer de forma repentina todos sus valores. Quizá no es su belleza física, quizá tampoco lo sea su forma de peinar, de maquillarse o de vestir con importantes complementos,  pero gozan de una serenidad y una templanza, que invita a disfrutar de su sensibilidad estética, de su seductora conversación, y de un armonioso y equilibrado saber estar. Por otro lado, también contamos con la posibilidad de desarrollar esta cualidad, sometiéndonos a un entrenamiento y dedicación constante y perdurable en el tiempo, hasta llegar a conseguir la comodidad y la ineludible naturalidad.

En la elegancia “menos es más”. Hablar por hablar, movimientos excesivos, volumen alto de la voz, de la risa, exuberancia de complementos, efusividad descontrolada, altivez…

El término elegancia significa saber elegir, por lo que las personas que disfrutan de esta virtud, gozan de una extraordinaria armonía interior que se proyecta en su exterior.

La persona elegante siempre da lo mejor de sí, muestra su mejor sonrisa ante situaciones incómodas, intenta ser recordado pasando de puntillas, evita expresiones y palabras malsonantes, gestos groseros y ofensivos, a la vez de mostrar empatía en sus interacciones sociales.

Ser elegante no consiste en ahogar tus emociones, pero sí en ser cautelosos y comedidos a la hora de compartirlos con los demás en público.

Se puede ser elegante vistiendo cualquiera de estos estilos: casual, deportivo, urban, denim, clásico o dandy ¿por qué no? siempre y cuando lo hagamos atendiendo a unas normas básicas de convivencia y respeto hacia los demás y a las circunstancias.

La elegancia es saber elegir y dirigir con coherencia una palabra, un gesto, una mirada, un movimiento, una sonrisa, un saludo, un complemento, un adecuado atuendo, una emoción,  etc.

Para conseguir y mantener ser elegante hay que seguir el camino que marcan las ocho  “eses”: Simpatía, Sencillez, Sinceridad, Sobriedad, Seguridad, Sensatez, Sensibilidad y Serenidad.

Nada contribuye tanto a la elegancia como el saber ser, el saber estar y el saber hacer.


                                               Margarita Martínez Mechó