jueves, 16 de agosto de 2018

COMIENDO Y EN CHANCLETAS


COMIENDO Y EN CHANCLETAS

Es cierto que en época estival la vestimenta, y más aún si se trata de la playa o lugar vacacional, se relaja un poquito más. Pero hay algo que no se tendría que descuidar, en ningún caso,  si decidimos visitar un restaurante para comer o cenar. Podremos vestir más desenfadadamente, con menos abalorios e inclusive con otro estilo al que estemos acostumbrados a ir cuando acudimos a nuestro puesto de trabajo, pero hasta el punto de presentarse como si estuviésemos tomando un baño de sol ¡no!

No es la primera vez, e imagino que no será la última, que observemos a personas que asisten al restaurante ataviados con prendas que no son de lo más adecuadas. Aquí alguno de ustedes si me tuviese delante estoy segura que me trasladaría alguna o algunas de las siguientes cuestiones: “Margarita ¿qué es lo más adecuado?; ¿Quién determina lo que es adecuado y no lo es?; ¿Dónde está escrito eso?; ¿No crees que lo que es adecuado para mí, quizá no lo sea para ti? y así alguna otra cuestión más. Bien, es cierto que yo no soy quién ni estoy en disposición de determinar cómo debe ir vestido cada uno, pero sí lo estoy, desde el concepto de lo que se denomina como “buena educación”. Este tema lo abordaremos un poco más adelante.

A lo que vamos y al hilo de lo que reza en el título de este escrito “Comiendo y en chancleta”. Hay actitudes que sobrepasan los límites y me gustaría hacer mención especial al momento cuando los comensales ocupan cada uno su lugar en la mesa, se disponen cómodamente en sus sillas y a continuación y tras una exhalación profunda y sonora seguida de un ¡Ay! se desprenden, literalmente, de sus inadecuadas chancletas dejando sus pies libres de toda atadura. Pero esto no es todo, algunos llegan a entrecruzar las piernas y colocar sus pies en el asiento de la silla, como si de contorsionistas se tratara, llegando si se tercia, a acariciar sus cansados y torturados pies.  ¡Vaya! Y por si esto no les parece suficiente despropósito y mientras nos sirven la comida ¿por qué no revisar la chancla por si tiene algún desperfecto? Dicho todo esto así quizá les parezca una exageración por mi parte, pero si por un ratito se detienen a observar lo que acontece alrededor de su mesa comprobarán que no se trata de conductas emanadas de mi imaginación. 

Los zapatos, sandalias o con lo que decidan vestir sus pies, debe permanecer ¡siempre en los pies! mientras se esté realizando el sagrado acto de comer. Por cierto, se aconseja el uso de chanclas en casa, en la playa, en el spa  o en la piscina.

Entramos de nuevo en lo que nos habíamos dejado pendiente referente a la vestimenta. Tengamos siempre presente que por muy pocos tenedores, o ninguno, que haya obtenido el restaurante al que decidamos acudir, no es muy correcto acudir en ropa de baño o con sugerentes caftanes (en el caso de las señoras) o bañadores por muy de moda o de marca que sean (en el caso de los señores). En todo caso procuraremos siempre, por mucho calor que haga y aun estando en casa, cubrir nuestro cuerpo y nuestro torso, tanto hombres como mujeres cuando vayamos a sentarnos a la mesa, al acudir al chiringuito de la playa o a la cantina de la piscina.

Esto es tan solo una pincelada de todos los desaciertos que se pueden observar en torno a una mesa.

Si a ustedes les apetece, para mí será un placer volver a encontrarnos en este espacio dedicado al “Saber Ser, Saber Estar y Saber Hacer”.

¡Disfruten de unas refrescantes vacaciones!


                                                           Margarita Martínez Mechó