lunes, 19 de septiembre de 2016

CLASE: UNA HERRAMIENTA DE SEDUCCIÓN





Alguien muy especial para mí, me sugirió hacer un post dedicado a este rasgo distintivo que caracteriza a ciertas personas y, sin más, tomé bolígrafo en mano y me dispuse a dar forma a  “Clase: Una herramienta de seducción”. Espero que les sea de su agrado. Tres, dos, uno,… ¡Comenzamos!

La persona con clase seduce con su talento, sus habilidades, sus destrezas,  y por supuesto, todo esto enriquecido con un uso inteligente de sus experiencias.

La esencia de esta cualidad, es gozar de un don intangible e imperceptible, en ocasiones al ojo humano, pero que resulta tremendamente fascinante y brillante a distancias cortas.

Frecuentemente, se confunde el significado de dos vocablos que tienen importantes elementos en común pero que distan en su fundamento, les hablo de la elegancia y la clase.

Cuatro son las grandes diferencias existentes entre ser elegante y tener clase. Me centraré en la “Clase”, ya que, con anterioridad lo hice con la “Elegancia” en mi post que lleva por título “Sencillamente Elegante”.


Primera: Es innata a la persona.

Segunda: No cuenta con la opción de ser aprendida.

Tercera: Puede no ir acompañada de elegancia externa y

Cuarta: Pongamos un caso práctico.

Brandon Ford (nombre ficticio) es un afortunado o desafortunado multimillonario que decide poner en marcha una serie de actuaciones, creyendo que éstas, le proporcionarán la clase necesaria para estar a la altura de los números de su desproporcionada cuenta bancaria.

Se dispone a disfrutar de unas merecidas vacaciones, y lo hará a manos de un Lamborghini Veneno Roadster valorado en $4’500,000, uno de los 9 que fabricaron en 2014. Decide alojarse en el Hotel Burj Al Arab de Dubai, el hotel más caro del mundo ocupando, junto a su flamante esposa, una de sus minúsculas habitaciones de apenas 780 metros cuadrados, entre paredes de oro y piedras preciosas. Seguidamente, decide tomar su jet privado valorado en 500 millones de dólares muy similar al del Príncipe Alwaleed Bin Talai de Arabia Saudita, para ir a cenar al mejor restaurante del mundo, el “Celler de Can Roca” en Girona, donde hará entrega a su pareja de un broche repleto de diamantes diseñado por Laurence Graff, con un precio estimado de 100 millones de dólares. Bien, podríamos seguir engrosando la lista de servicios, lugares y objetos del más alto lujo, pero hay algo que el señor Ford nunca podrá adquirir, y me estoy refiriendo a la clase.

La clase al igual que la herencia genética, es un legado ético y moral que se transmite de padres a hijos y nada tiene que ver con ser poseedor de grandes fortunas, nunca deja al desnudo nuestras debilidades ni miserias, y nos dirige aun queriendo cambiar el rumbo de nuestras actitudes. Es como navegar a vela, te permite navegar en cualquier dirección, excepto en línea recta si lo hacemos con el viento en contra.

Tu aspecto físico hablará de ti, pero tu clase, lo hará también inevitablemente de tus orígenes, predecesores, y si llega el momento, lo hará igualmente de tus descendientes.

Tener clase no es un propósito de futuro, es un valor del pasado que resulta patente en el presente, y que goza de la capacidad suficiente para proyectarse en generaciones futuras.

 

                                                                       Margarita Martínez Mechó

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