martes, 5 de febrero de 2013

¿Hablamos de FLORIOGRAFÍA? ( I )

            
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             Hablar de Floriografía, es hablar del enigmático, sugerente y silencioso lenguaje de las flores.
            Algunos autores atribuyen el lenguaje de las flores a los Griegos. Otros hacen referencia a los turcos en el S. XVII.
            Es Lady Mary Wortley, esposa del embajador británico en 1718 y durante sus visitas a Turquía cuando descubre “El Lenguaje de las Flores”, y así lo hace saber exponiéndolo en una de sus cartas. Los europeos se hacen eco de tal curiosidad y no se hacen esperar, raudos y veloces deciden sacar provecho de tal concepto.
            Pero será en 1819 cuando se publica el primer diccionario de las flores, escrito y publicado por Louise Cortambert, bajo el seudónimo de Madame Charlotte de la Tour. Éste pequeño libro se convirtió en referente popular en la materia.
            Hagamos un pequeño viaje en el tiempo trasladándonos a la época victoriana. Es aquí, cuando el lenguaje de las flores se hace más popular, ya que, era utilizado como medio de comunicación. En función del tipo de composición floral que se eligiese, transmitían mensajes que de manera codificada se convertían en un silencioso transmisor y revelador de sentimientos, que de no haber sido así, quizás nunca se hubiesen podido hacer libremente llevados por la costumbre y el rigor de la época.
            Las flores nos deleitan y seducen con sus encantos, pero encierran sentimientos, creencias, supersticiones, costumbres, deseos,… Las flores son protagonistas preferentes e inspiradoras de: mitos y leyendas (apareciendo como espíritus tanto dañinos como benéficos), exquisitas y elegantes piezas musicales como por ej.: el Vals de las Flores o “El Cascanueces” de Tchaikovsky, poetas como Thomas Hood (1799- 1845) que escribió en su poema “El lenguaje de las flores”: “las flores por sí solas expresaban lo que la pasión temía revelar”, y pintores como Van Gogh, que creó cuatro versiones de los girasoles y otras tres más en 1889. Tras el altercado que tuvo con Gauguin, Van Gogh recordará con nostalgia esta pintura y en su carta 573, dirigida a su hermano Theo, reproduce estas palabras entre otras: “Tú ya sabes: La peonía es propia de Jeannin, la malva de Quost y el girasol es propio de mí”.
            Así mismo, las flores han estimulado a personajes célebres regalándonos frases que invitan a la reflexión “¿Sabemos qué sería de una humanidad que no conociera las flores? Maurice Maeterlinck,  o aquella de Robert Heinlein “El dinero es un poderoso afrodisíaco. Pero las flores logran casi el mismo resultado”.


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